La presencia de antioxidantes en el caco se pierde durante los procesos
de elaboración y manipulación de productos derivados, según un estudio. La moda de las vitaminas ha dado paso con el tiempo a la de los
antioxidantes. Se trata de una moda a la que la industria alimenticia
no permanece ajena, como tampoco los estudios clínicos encargados de
dicernir si antioxidando se pueden prevenir enfermedades oncológicas y
episodios cardiovasculares.
El Servicio de Investigación Agrícola de EEUU (ARS, en sus siglas
inglesas) acaba de hacer pública una investigación que atribuye
propiedades antioxidantes al cacao en polvo. El estudio especifica que
los chocolates procesados dan al traste con esta virtud propia tan sólo
de la materia prima con que están elaborados.
El chocolate puro (cien por cien cacao), sin edulcorantes ni
emulsionantes, contiene una gran cantidad de flavonoides y, en
particular, de uno denominado procianidina, que ha demostrado actuar
como protector frente a cáncer, cardiopatías isquémica e ictus.
Ronald L. Prior (Little Rock, Arkansas) fue el bromatólogo
encargado de presentar los resultados de este estudio del ARS en un
congreso de biología experimental celebrado en San Diego, California.
«El cacao natural», sostiene el experto, «es el alimento que ha
demostrado presentar más procianidina en su composición» Pero la mayor
parte de los chocolates del mercado tienen una pureza «relativamente
escasa en cacao» (alrededor del 50%) y, además, sustituyen dicho
déficit con azúcares y grasas, con lo que «se convierten más en un
problema que en una solución». El eco de las comprobaciones de Prior no
ha tardado en alcanzar los despachos de las grandes multinacionales de
la alimentación. Nueve empresas manufacturadoras de chocolate han
anunciado su voluntad de extender la investigación sobre procianidina a
sus productos y optar en breve por potenciar la riqueza de cacao
natural como una garantía de salud. No hay que olvidar tampoco que el
estudio del ARS se llevó a cabo bajo el patrocinio del American Cocoa
Research Institute, que sirve a los intereses de las principales
empresas.
Ejercicio y antioxidantes
Las sustancias ricas en antioxidantes contrarrestan el efecto
negativo de un exceso de radicales libres Si el consejo era hasta hace
poco ejercicio y dieta, la consigna de salud del momento es el consumo
de antioxidantes del que, además, dependerá el buen rendimiento de la
actividad física.
La proliferación de agentes oxidantes a través de dietas mal
programadas, los llamados radicales libres, desencadena distintos
procesos de envejecimiento de los tejidos.
En los últimos años se ha investigado hasta qué punto el consumo de
sustancias antioxidantes que contrarresten el papel de los radicales
libres puede prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares,
numerosos tipos de cáncer, SIDA, cataratas, Alzheimer y otras
alteraciones del sistema nervioso.
La oxidación se potencia con una dieta pobre en vitaminas, un
ejercicio físico muy intenso, el humo del tabaco, la contaminación y la
acción de los rayos del sol. Los americanos concluyen que una taza de
cacao soluble es la bebida que aporta mayor concentración de
antioxidantes al organismo, dos veces más que el vino tinto y cinco
veces más que el té.
El cacao, de moda
Tenido por el placer más dulce del mundo, comer o beber chocolate
puede convertirse pronto en un ejercicio de alimentación funcional.
Detrás de su popular sabor el cacao esconde una tradición colonial (los
conquistadores españoles desposeyeron a las Américas de sus labores,
para abrir nuevas plantaciones en África y otros territorios
tropicales.
El chocolates se ha considerado siempre como una gran fuente
energética. Más recientemente se le han elucidado propiedades
excitatorias nerviosas e incluso un cierto carácter antidepresivo. El
cultivo de este fruto se remonta a más de 2.500 años, pero parece haber
vivido más juventudes que ningún otro producto de gran consumo.
Por otra parte, el serial antioxidante se extiende a todos los
alimentos dados por buenos con anterioridad. Una escueta cucharada de
aceite de oliva virgen, por ejemplo, ayuda a reducir el colesterol
total; pero ahora se ha descubierto también que aumenta la
proliferación de antioxidantes en la sangre.
UNAS MOLÉCULAS SUMAMENTE INESTABLES
Los radicales libres, los malos de la película, son moléculas
extraordinariamente inestables que se originan en el organismo por el
simple contacto con el oxígeno o por otras causas externas, como la
contaminación atmosférica, el humo de tabaco, los residuos de
pesticidas y el consumo elevado de grasas saturadas.
Los antioxidantes, por otra parte, son nutrientes del tipo de la
vitamina C, vitamina E o los carotenoides (betacaroteno, licopeno y
luteína), que se encuentran en los alimentos que ingerimos, como frutas
o verduras frescas. Algunos investigadores creen que los antioxidantes
pueden prestar un favor impagable a la salud y detener fenómenos como
el envejecimiento al combatir declaradamente los radicales libres.
Denham Harman, médico e investigador de la Universidad de Nebraska,
fue quien primero presentó la teoría de que «unos radicales libres»
eran los causantes del envejecimiento sufrido por los tejidos vivos,
más que el escueto paso del tiempo. Según esta teoría, las funciones
normales del cuerpo (por ejemplo, la respiración y la actividad física)
y determinados hábitos como fumar generan ininterrumpidamente la
producción de radicales libres en el organismo.
Los radicales libres atacan a las células sanas, las debilitan y
las hacen más susceptibles a la enfermedad. Se trata en realidad de
meros átomos, o grupos de átomos, que contienen como mínimo un electrón
desapareado. Están siempre presentes en el organismo, pero en
condiciones de salud óptimas lo hacen en cantidades relativamente
pequeñas y controladas. No cabe duda que son necesarios y cumplen con
una misión: se necesitan radicales libres para producir energía,
destruir virus y bacterias o activar determinadas hormonas.
El problema surge cuando hay un exceso de radicales libres pudiendo
afectar incluso la codificación genética de las células, destruir sus
membranas, favorecer la retención de líquido intracelular y agostar los
tejidos, favoreciendo también la aparición de infecciones o
enfermedades degenerativas (tumorales).
El envejecimiento no es un proceso cronológico brusco y repentino.
Tanto el envejecimiento como las afecciones degenerativas asociadas,
sobrevienen de manera gradual y comienzan desde el instante mismo de la
gestación, antes incluso del nacimiento. El pavor a envejecer ha
disparado el consumo de sustancias antioxidantes en medio mundo;
incluso han aparecido alimentos de mascotas ricas en esas sustancias,
para propiciar que los animales queridos vivan más tiempo en nuestros
hogares.
Via: Consumer.es